Visualizzazione post con etichetta primera. Mostra tutti i post
Visualizzazione post con etichetta primera. Mostra tutti i post

lunedì 28 dicembre 2015

Retrocede la izquierda en Sudamérica

Tras una década de avances, la izquierda en Sudamérica está en retroceso.
El mes pasado, los votantes argentinos eligieron presidente a un empresario de derecha contra el sucesor designado por la presidenta Cristina Fernández, y el Congreso en Brasil inició una investigación para determinar si somete a juicio político a la presidenta Dilma Rousseff, cuyos índices de aprobación en las encuestas permanecen alrededor del 10%.
En lo que constituye acaso el vuelco más espectacular, el electorado venezolano, donde comenzó el giro a la izquierda de la región, entregó a la oposición un triunfo por un margen abrumador en las elecciones legislativas por primera vez desde que el "anti-yanqui" Hugo Chávez ganara la presidencia en 1998.

La reacción se produce en medio de una tormenta económica como no se veía desde hace décadas. Todas las dinastías políticas están pagando el costo de tener economías en quiebra y una corrupción desenfrenada, pero la mayoría de los gobiernos sudamericanos están en manos de izquierdistas que llegaron al poder cuando la economía de China iniciaba una época de fuerte crecimiento en los últimos 15 años y demandaba materias primas provenientes de la región.
Ahora que el coloso asiático está en problemas, los precios del cobre, la soya y el petróleo se han derrumbado, arrastrando a las monedas y, con ellas, las aspiraciones de millones de familias que ascendieron a la clase media sobre la cresta de ese boom. Al mismo tiempo, las tasas de interés en Estados Unidos están aumentando por primera vez en siete años, lo que se suma a la presión sobre las entidades endeudadas en dólares.
"En el fondo, estamos viendo en América del Sur de manera generalizada un recordatorio de que el péndulo político se mueve", dijo el senador colombiano Antonio Navarro Wolff, un ex dirigente de la guerrilla izquierdista M-19. "En la última década parece que no se movía porque la situación económica era tan favorable".
En la Argentina, el ex alcalde de Buenos Aires, el empresario Mauricio Macri, que parecía perder en las encuestas, ganó la presidencia con la promesa de anular muchas medidas izquierdistas de Fernández, sobre todo en materia económica. En su primera semana en funciones derogó los impuestos sobre las exportaciones agrarias y el control cambiario al que muchos atribuyen el florecimiento del mercado negro.
En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff lucha por su vida política. El Congreso inició este mes un proceso que podría culminar en un juicio político, ante acusaciones de que Rousseff violó normas fiscales para cubrir déficits presupuestarios destinados al gasto social. Esto sucede en el marco de una economía en contracción y con la petrolera estatal Petrobras sumida en un escándalo de sobornos millonarios pagados a sus aliados políticos. Las encuestas dicen que Rousseff es la gobernante más impopular desde la restauración democrática de 1985 tras la dictadura militar 1964-1985).
Pero el riesgo mayor de turbulencia, de lejos, se presenta en Venezuela.
Tras su victoria en las legislativas, la oposición parece estar en situación de desafiar al presidente Nicolás Maduro, que se encuentra en una situación de debilidad creciente. En lugar de permitir que sus enemigos compartan el costo político de las reformas necesarias para frenar la inflación galopante y las carencias de productos básicos, Maduro hasta ahora sólo ha prometido reforzar las políticas estatistas que han sumido al país en el atolladero y hacer caso omiso al que llama un "Parlamento burgués".
Con todo, sería un error decir que la izquierda ha perdido toda su fuerza.
El movimiento peronista del que surgió Fernández conserva la mayoría en el Senado, el Partido de los Trabajadores de Rousseff sigue siendo la agrupación política más poderosa de Brasil y los aliados de Maduro obtuvieron el 33% de los votos a pesar de los pronósticos de una contracción económica que podría llegar al 10% este año.

domenica 6 luglio 2014

Chris Martin rompe también con la dieta vegetariana

Chris Martin vuelve a comer carne. El astro no ha roto solamente con Gwyneth Paltrow, sino también con la dieta vegetariana, en la que le inició la actriz.
El cantante de Coldplay lo ha confirmado en una entrevista a BBC Radio: “La verdad es que no soy vegetariano. Como carne. He sido vegetariano durante mucho tiempo, pero por varias razones he cambiado”, ha dicho el músico.


 



Lo de “varias razones” suena sospechoso. Y es que se trata de un gran cambio, sobre todo para Gwyneth, que se ha convertido a lo largo de los últimos años en abanderada del vegetarianismo. La dieta es tan importante para ella que algunas voces, entre ellas la de Joan Rivers, han llegado a culpar de la ruptura a lo dura que puede llegar a ser la actriz con la comida. Recordemos que Paltrow ha llegado a admitir que la familia entera podía pasar hambre porque ella no les dejaba comer tampoco carbohidratos.

La pequeña Apple no ha seguido los pasos de su padre. “Mi hija ha sido vegetariana desde que nació. Estoy tentado a volver a esa dieta, pero tampoco como demasiada carne”, ha confesado Chris.

El cantante no era un vegetariano cualquiera. Llegó a ser nombrado el más sexy del mundo, compartiendo la primera posición a con Carrie Underwood. Él no entiende por qué fue tan votado. “Creo que no soy el cantante más sexy del mundo, creo que quedé el 17”, aclara. Habrá que ver qué tal puntúa en la clasificación de los carnívoros.

Goya Toledo y María Leon, tan distintas como unidas

Sus ritmos de vida son diferentes. También sus edades y sus formas de pensar. Pero, lejos de lo que se pueda imaginar, Goya Toledo y María León tienen más encuentros que desencuentros. 

María León no sabe ningún cuento que no sea de miedo: «Cuando mis hermanos y yo éramos pequeños, mi madre solamente nos explicaba ese tipo de historias. Disfrutaba mucho asustándonos». Goya Toledo se recuerda a sí misma inventando e interpretando sus propios guiones, uno en especial: «Cuando llegaba del colegio, antes de comer, era imprescindible darle el biberón a mi muñeco y acostarlo.




Tengo instinto maternal de serie y, aunque todavía la naturaleza no ha querido darme hijos, no pierdo la esperanza de que eso ocurra algún día». Si León no hubiera sido actriz, dice que le habría gustado ser mujer-bala. Toledo quizá se habría dedicado a la moda: «No sabes lo que me relaja coser a máquina», afirma. A la sevillana le encantaría tener un autógrafo de Penélope Cruz –la mejor amiga de Toledo– y rodar «todos los días del año» con ella: «Es de las actrices que ha demostrado a este país que para triunfar hay que trabajar. ¡Dejémonos de tonterías y trabajemos!», asevera. Por su parte, la canaria se pondría, sin dudarlo, a las órdenes de Paco León –hermano de María–: «Haría lo que me pidiese. Creo mucho en él y en su potencial como director». La primera tiene una energía volcánica; la segunda se abraza a la serenidad que otorga la madurez. Pero más que la noche y el día, León y Toledo son dos mundos independientes que, al juntarse, tienen más puntos de encuentro que diferencias. Por eso, en Marsella –la película que estrenan el próximo 18 de julio y que ha sido dirigida por Belén Macías– funcionan como un puzle donde las emociones encajan por salvajes que sean. Ambas interpretan a la madre –una biológica y otra de acogida– de la misma niña, por la que pelearán hasta dejar el egoísmo de lado y procurar por el bien de la menor. Un ejercicio actoral de contención que les ha robado muchas lágrimas en los ensayos. «El de las madres es un amor muy bestia», afirma Toledo. «Y cuando uno ama siempre pierde un poquito la cabeza», añade León.
Tanto León, a sus 30 años, como Toledo, a sus 45, han tenido hijos en la ficción en varias ocasiones. Pero lo curioso del caso es que ninguna ha experimentado la maternidad en su piel. Aunque no lo descartan: «Yo creo que todavía a los 50 años una mujer no es mayor. Puede tener perfectamente descendencia a esa edad. Es muy personal, depende del caso y no debe juzgarse en general. A la gente le gusta opinar rápido y de todo, pero te tienes que ver en la situación. Mi padre murió cuando yo tenía seis años. En la vida no puedes tenerlo todo calculado», cuenta Toledo. «Yo me apuntaría al Club de las Malas Madres [blog que defiende, con ironía, a las madres imperfectas que no llegan a todo pero que, no por ello, quieren menos a sus vástagos]. No hay que perder de vista a la mujer que eres, porque cuanto más crezcas a nivel personal, más aportarás a tus críos. Por eso, a mí me gustaría ser muy mala madre para que mi hijo pudiera decir: “¡Qué maaaala es mi madre!”», dice con sorna León.


Las dos han crecido en familias muy matriarcales, así que, si algún día tienen dudas, pueden recurrir a sus progenitoras. Toledo copiaría de la suya «su fortaleza y capacidad de supervivencia. Se quedó viuda con 40 años y cinco hijos y, además de sacarnos adelante, consiguió su objetivo: mantenernos unidos y que fuéramos una piña». En casa de los León, Carmina Barrios ha hecho gala de otra gran cualidad: «Jamás nos ha juzgado, nos quiere tal y como somos. Nos ha criado con una sola ley: la del respeto. Y eso es muy difícil. Ojalá yo sepa hacerlo igual de bien».
En Marsella, la figura del padre, aunque está presente (o ausente), se plasma con personajes secundarios. Sara (León) y Virginia (Toledo) son quienes verdaderamente provocan en el espectador mil y una tensiones. ¿Los hijos siguen siendo de las madres? «Las mujeres tienen una fuerza sobrenatural: paren y eso marca la diferencia. Por eso la conexión con ellos es otra. No podemos ir contranatura. Somos animales», afirma León, quien asegura que cuando no tenía novio se planteó la posibilidad, sola, de traer al mundo a un niño: «No creo en el príncipe azul. Creo que a lo largo de la vida te vas montando equipos para viajar por ella. Lo haces con tu familia, con tus amigos y también con tu pareja. Me gustaría tener hijos, ¡y muchos!, con alguien a mi lado, porque pienso que sería bonito compartirlo. Pero si no estuviera, los tendría igual».
Toledo tampoco cree en los cuentacuentos: «Creo en el compañero de viaje, con todas sus maletas, a las que hay que añadir las que llevo yo. El objetivo es hacer el camino más ligero, facilitarse la vida. Pero no se educa peor a un hijo porque lo hagas sola o porque tu pareja tenga el mismo sexo que tú. Hay que ser más libres de mente. Lo realmente grave y una barbaridad es que se pongan tantas trabas en los temas de adopción, y puedo hablar de esto porque yo he estado en el proceso. Es una pesadilla. No podemos hacerlo tan difícil cuando hay pequeños que quieren tener una familia y muchas familias que quieren dar amor a unos hijos. Es increíble que haya tanta burocracia, que además no tiene nada que ver con el verdadero sentimiento de maternidad o paternidad».
Al hablar de hombres, las intérpretes se muestran confiadas y piensan que en el presente ellos ya están preparados para lidiar con la mujer de hoy, «mucho más fuerte y poderosa», como la define León. A eso añade: «El machismo me parece un atraso. Espero que sean capaces de comprender nuestro papel actual. Si no lo hacen, pobres de ellos. Eso significaría que van para atrás y me daría pena porque ya hay en este país suficientes cosas que van para atrás». A lo que Toledo replica: «Cuando me preguntan qué pienso sobre el machismo es cuando me doy cuenta de que sigue existiendo, porque si no existiera, la pregunta se obviaría. La mujer tiene cada vez más presencia en esta sociedad, pero si Cate Blanchett va al Festival de Cannes y denuncia que las actrices cobran menos que los actores, es que todavía hay injusticias por las que luchar».


Al cierre de esta edición, dos son los temas que centran la actualidad: la proclamación de Felipe VI y la Copa del Mundo, de la que la Selección ya ha sido eliminada. Marsella se estrenará justo cinco días después de la final del Mundial. ¿Por qué los españoles se concentran masivamente ante la televisión para ver el fútbol y les cuesta tanto llenar las salas de cine cuando se proyecta una película nacional? «Aficionados. Tiene aficionados. Algo que también podríamos tener nosotros si este país se enterara de que la cultura es algo imprescindible, que el cine es necesario para soñar, aprender, liberarnos, viajar… Se solucionaría si al cine español se le reconociera la entidad que tiene y se difundiera su importancia bajo ese criterio. A las salas no se va solamente a ver pegar tiros», apunta León. ¿Quizá serviría que los actores se metieran en política, como parece que va a hacer George Clooney? «Serviría que los políticos hicieran algo, que para eso cobran. Dejemos a los actores actuar», sentencia León. Toledo puntualiza: «A los actores siempre se nos tacha de combativos porque somos más visibles en los medios. Pero hay otros muchos gremios que pelean por lo que creen. Todos los ciudadanos debemos defender las causas en las que creemos. Yo, por ejemplo, estoy en contra de las petrolíferas en Canarias. Siempre que haya gente a favor o en contra de algo hay que someterlo a referéndum. Como debería haberse hecho con la Monarquía. Estamos en democracia».
Mientras de Toledo se destaca el equilibrio de sus interpretaciones, de León se resalta su capacidad para empatizar con el público y transmitir verdad y normalidad. «¿Normal yo? Mira, no sé qué significa ser normal. ¿Qué es ser normal? ¿Qué es ser moderno? Hay que ser y el problema es que muy poca gente es. Yo soy partidaria de que cada uno sea lo que quiera. Pero que sea feliz. Porque todos tenemos la responsabilidad de ser y hacernos felices a nosotros mismos. Mi éxito no es la normalidad. La gente no te aprecia porque seas simpática o porque les caigas bien: tiene que haber un trabajo detrás. Yo lo único que hago es comportarme como quiero que sean conmigo. Ése es mi triunfo», comenta. Definitivamente, el normcore (o triunfo de lo normal) no va con ella: «Lo que me sorprende es que ser normal sea ahora una tendencia», dice Toledo. «¿Nos hemos vuelto locos? Además, ¿quién es completamente normal? A mí siempre me ha gustado relacionarme con gente que sea sincera con su identidad y yo intento serlo con la mía. Pero la realidad es otra. Hablamos más de los demás que de nosotros mismos. Si expresáramos nuestros sentimientos, el mundo iría de otra manera. Pero claro, eso da mucho miedo».
Otro punto en común: las dos están de acuerdo en que las modas hay que seguirlas con precaución: «Soy fashionista en un 10%, pero le doy importancia a mi vestuario en un 60%», dice Toledo. «Mi último descubrimiento es el clóset virtual dey sigo siendo fiel a mi centro de estética, The Beauty Concept». Pero a pesar de la dedicación que le prestan a su imagen, de ningún modo creen que tener un buen estilista es más importante que contar con un buen agente en el mundo del cine, como parece haber ocurrido con Lupita Nyong’o, quien, con tan solo una película reconocida en su currículum, ya ha firmado contratos millonarios con Miu Miu o Lancôme. «La moda acompaña y apoya a nuestra profesión. Pero ser una intérprete no tiene nada que ver con ser una celebridad. Para ser actriz no hay que pisar una alfombra roja, ni siquiera saber pisarla. Hacen falta ganas de contar historias, ya sea con un traje caro o con chanclas. Pero la moda ayuda y por eso cada día me esfuerzo más en aprender cosas sobre ella. Es amiga de mi trabajo y suma», dice León.

Tú a mi no me llamas feminista

Hace año y medio publicamos un artículo titulado ¿Feminista, yo? No, gracias repasando la nómina de mujeres de la esfera pública que no se identifican con la etiqueta y/o que suelen usar algún tipo de oración adversativa cuando se les pregunta al respecto: "Creo en la igualdad de la mujer PERO" o "Me encantan las mujeres fuertes PERO" (¿y las que no lo son?). Ahí estaban Taylor Swift, Katy Perry, Carla Bruni, Belén Rueda, Marissa Meyer, Melisa Leo, Lady Gaga, Demi Moore y Juliette Binoche en un recuento rápido.




Varias cosas han pasado desde entonces. La primera es que, debido a que el feminismo ha escalado posiciones en la lista de prioridades de la agenda mediática en los últimos tiempos, la pregunta se ha hecho casi obligatoria, algo que molesta a alguna de esas entrevistadas, que preferirían hablar de lo suyo y no de su género. La segunda es que, a pesar de esa preminencia del debate, la confusión permanece. A juzgar por muchas declaraciones, pocos tienen clara la definición de la RAE que ya dábamos entonces y repetimos: "teoría de la igualdad política, social y económica entre sexos".
Así que la lista de femiescépticas ha ido aumentando. En ella están, casualmente, dos de las estrellas del verano: Shailene Woodley, que estrena hoy en España la película Bajo la misma estrella, el taquillazo de la temporada en Estados Unidos y protagonizó también Divergent, y Lana del Rey, cuyo segundo álbum, Ultraviolence, se colocó hace unas semanas en el número 1 de la lista Billboard y que actúa este fin de semana en el Vida Festival de Vilanova i la Geltrú (Barcelona).


La primera optó por el clásico "no soy feminista porque amo a los hombres" en una entrevista que concedió a la revista Time. Y añadió: "Creo que la idea de tomar el poder y sacar del poder a los hombres nunca va a funcionar porque se necesita equilibrio. Yo misma me siento muy en contacto con mi lado masculino, me siento 50% hombre, 50% mujer". Woodley aclara que ella no está por el feminismo pero sí por la sororidad: "No sé cómo las mujeres esperamos que los hombres nos respeten cuando no nos respetamos ni las unas ni a las otras. Hay mucha envidia, comparaciones y celos. Eso es tonto y me parte el corazón".
El problema que tiene con el feminismo Lana del Rey, a quien a menudo se ha acusado de fetichizar la sumisión de las mujeres en sus canciones y de perpetuar estereotipos como "la novia del gangster", es que sencillamente le aburre. O eso dijo en una entrevista con la web The Fader: "para mí, el asunto del feminismo no es un conepto interesante. Estoy más interesada en, no sé, SpaceX y Tesla o qué es lo que va a pasar con nuestras posibilidades intergalácticas. Cada vez que alguien saca el tema del feminismo pienso 'oh Dios, no me interesa". Así que no le vengan a Lana que si igualdad salarial, que si La mujer eunuco, que si aborto libre y gratuito. Que bosteza.


Otra estrella del verano, Dolly Parton, que triunfó hace una semana escasa en Glastonbury, decepcionó a quienes la habían aupado a icono del movimiento por canciones como 9 to 5 con sus palabras en la revista Bust. Cuando le preguntaron si se consideraba feminista, contestó: "Me considero mujer y me considero alguien que es tan lista como cualquier hombre que conozco. No creo que haya que juzgar a alguien por ser hombre, mujer, blanco, negro, azul o verde. (...) Amo a los hombres, amo a las mujeres y estoy orgullosa de ser una". 
Cada vez que se publican declaraciones de éste tipo (como cuando Kirsten Dunst dijo que "a veces necesitas a tu príncipe azul. Un hombre es un hombre y una mujer es una mujer y así funcionan las relaciones") se produce una minitormenta mediática que va de las webs feministas a los medios mainstream y un pequeño reguero de artículos y comentarios, generalmente censurando la actitud de estas artistas. 




Y muchos inciden en que estas mujeres quizá no han entendido de qué están hablando. ¿Al final se trata de una cuestión semántica? Nuria Varela, autora del libro Feminismo para principiantes, cree que no. "No es eso, es una cuestión de poder. El feminismo es una teoría crítica que cuestiona el poder establecido y que ya nació desacreditado (..) El coste de declararse feminista sigue siendo elevado, especialmente para las mujeres porque no hay nada que moleste más que una feminista inteligente y atractiva, y muchas no lo quieren pagar".  Varela sí cree sin embargo que "existe un gran desconocimiento. Lógico porque está casi vetado de la Universidad. Uno puede licenciarse en Filosofía, Historia o Derecho sin conocer un sólo título de Teoría Feminista" y que pronunciar en público la-palabra-que-empieza-por-f  "es como soltar una bomba. La dices y empieza el lío. Pocas palabras tienen esa capacidad polémica".
Por cada Kirsten, Shailene y Lana hay una Lorde, Lena, Beyoncé o Miley que sí se declara feminista. ¿Es necesario que lo hagan?, ¿tenemos que convertir en modelo a seguir y portavoz social a una chica de 21 años que acostumbra a no llevar pantalones encima de la ropa interior? "No, no están obligadas. A mí me gusta escuchar a mujeres inteligentes y con éxito que se definen como lo que son y no tienen miedo. Pero el feminismo es una teoría de la igualdad y la libertad. Quiero decir que no hemos llegado hasta aquí para ponermos aún más obligaciones.  Unas mujeres sentirán el deseo y tendrán la fuerza para ser activistas y otras no, lo importante es que sean mujeres libres en sus vidas públicas y privadas". 
Otras tienen menos paciencia con las negacionistas. Lena Dunham asegura que no odia nada tanto en el mundo como "Las mujeres que dicen 'no soy feminista'. ¿Crees que las mujeres deberían cobrar lo mismo por hacer el mismo trabajo?, ¿Crees que las mujeres deberían salir de casa y que hombres y mujeres tienen los mismos derechos? Bien, entonces eres feminista. A mí misma me daba vergüenza denunciar la misoginia porque entonces te ven como la chica quejica que no sabe superarlo. Pero lo cierto es que no tenemos que dejarlo pasar hasta que nos hayamos hecho oír".