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martedì 29 luglio 2014

Amaia Salamanca: de cómo ser madre y una de las actrices más deseadas

Regresa al trabajo con fuerza y más feliz que nunca. La actriz, portada de Glamour julio, revela sus nuevos proyectos y cómo Olivia ha cambiado su vida.

Amaia desciende del coche con el allure de una estrella. Por un momento, nos hace pensar en las divas de los años 50 por el movimiento de su melena rubia y corta, y las gafas de sol que ocultan sus enormes ojos azules. La actriz más deseada de las series de televisión llega puntual a su encuentro con nosotras. Cercana y sonriente nos recibe con una amplia sonrisa. Le espera un día largo. Es el primer encuentro con la prensa después de estrenarse como mamá. Tiene la entrevista con Glamour, sesión de fotos para nuestra portada de Glamour julio y después cita con la prensa para la presentación como embajadora de belleza Hawaiian Tropic.


En agosto se reincorpora a la segunda temporada de la serie Galerías Velvet. Está risueña, ha vuelto con ganas de ponerse detrás de las cámaras. “Estoy más feliz que nunca”, dice la actriz. Momento que comparte con su pareja, Rosauro Varo, y con “la pequeña personita” que ha entrado en casa”, su hija, Olivia.
GLAMOUR: Amaia, felicidades por tu bebé. Ahora mismo estás empezado una nueva etapa en tu vida, ¿cómote sientes en este momento tan especial?
AMAIA: Es una etapa que afronto con mucha ilusión y alegría. Siempre he dicho que quería ser madre joven. Además, estoy muy contenta de poder afrontarlo junto con mi carrera profesional, y que me permita a la vez seguir trabajando.

Ser madre, ¿ha despertado en ti algún sentimiento o sensación especial?
Sí, el de amor infinito. Ahora he aprendido a valorar mucho más el amor que tengo hacia mi madre. Ahora empiezo a entender muchas cosas.

"Siempre me han dejado ser como soy"
¿Cómote está resultando la incorporación al trabajo?, ¿te has planteado alguna meta?
No, la verdad es que no.Ya me parece una suerte tremenda haber trabajado estando embarazada, y continuar con el personaje de Bárbara en la serie después de dar a luz. De momento, Velvet es lo que tengo en la cabeza para ir combinándolo con la maternidad.

Durante todo el tiempo que estuviste embarazada sin rodar, ¿tuviste tiempo para reflexionar sobre tu vida y tu carrera profesional?
La verdad es que no soy una persona de reflexionar mucho, porque tiendo a comerme la cabeza bastante. Prefiero ir viviéndolo todo según vaya viniendo, mejor que plantearme objetivos. Tengo la sensación de que si me pongo metas, luego, ¿qué quedará por venir? Prefiero disfrutar el momento.



¿Pensaste en algo que tuvieras que cambiar o intentar mejorar para afrontar tu maternidad?
Obviamente, con respecto a la maternidad sabía que había muchas cosas que tenía que dejar de lado, ya que tienes a otra persona en casa de la que te tienes que hacer cargo. Pero de eso ya se es consciente antes de que llegue. Lo sabes y lo aceptas.

Cómo le ocurre a todas las madres primerizas, supongo que estarás recibiendo muchos consejos, ¿cuál te ha calado hondo?
Únicamente cuando me dicen: “Sigue tu instinto materno”. Precisamente esto es lo que siempre he pensado y creo que es lo que hay que hacer y seguir. Todos estamos aquí porque las madres siguen su instinto.

Amaia, ¿eres de esas personas que prefieren recibir consejos o es mejor darlos?
(Ríe.) No sé. Ni lo uno ni lo otro. Si bien es verdad que cuando eres madre todo elmundo viene de alguna manera a aconsejarte, pero al final quien tiene la última palabra y la que va aprendiendo de los errores eres tú.

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado en tu vida y el que has seguido?
Me lo han dado mis padres, no de una manera verbal, pero sí con hechos. Ellos me han dejado ser como yo he querido, nunca me han puesto trabas ni pegas. Ahora que tengo a mi hija, creo que es un momento difícil de afrontar cuando tienes que dejar que vaya haciendo su camino.


La actriz se encuentra físicamente recuperada. Tan sólo hace un mes que tuvo a su hija. Pero no es de extrañar, Amaia es una gran aficionada al deporte y eso “la ha mantenido en forma durante el embarazo”. Quizás el que su hermano sea entrenador personal también la ha ayudado.Tiene una belleza aún más luminosa fuera de las pantallas. Es de esas mujeres a las que le sienta todo bien. Estamos acostumbrados a verla vestida de época, pero en Velvet nos sorprendió con su super melena morena.
¿Puedes adelantarnos algo de la segunda temporada?
Todavía no sé nada nuevo. Nos dan los guiones con cuentagotas para que todo quede en el mayor secreto posible. Pero Bárbara dará mucho juego, es un personaje muy observador, quiere enseñarle a su cuñada, Cristina Otegui (Manuela Velasco) lo que ella está viendo. Mi personaje ha vivido mucho y sabe perfectamente como engañar y cuando la están engañando. Quiere hacerle ver esto a su cuñada.

¿Tiene algo de ti este personaje que interpretas?
Creo que ser observadora. Vaya donde vaya, me fijo mucho en lo que hay alrededor, y me quedo con la percepción de todo el espacio.

Esta segunda entrega supone el reencuentro detrás de las cámaras con Miguel Ángel Silvestre después de muchos años de haber trabajado juntos. ¿Cómo le has encontrado?, ¿has notado alguna evolución en su forma de actuar?
Sí, el trabajo diario es como un entrenamiento para el actor, y he visto un cambio en Miguel Ángel. Lo veo mucho más maduro y más asentado. Luego, él como persona está igual. Así como es él de cariñoso y aniñado.También es verdad que los actores tenemos mucho de los directores, y el director de Galerías Velvet, Carlos Sedes, ha sabido llevarnos por otro camino al que estábamos acostumbrados.

¿Continúas preparándote como actriz?
Sí, como he comentado antes, me gusta mucho observar, algo que me sirve para luego coger aspectos que puedan servir para actuar. Para crear un personaje hago lo máximo posible. Durante el embarazado he estado yendo a clases de interpretación e inglés para seguir formándome. Como actor, siempre puedes seguir aprendiendo, nunca llegas a formarte del todo.


¿Cuál sería tu personaje ideal?
No podría decirte. Pienso que me quedan tantas cosas por hacer realmente que no sé. Por un lado, me apetece hacer comedia, y como he hecho mucha época, también algo más actual. Como me gusta mucho el deporte y soy un poco masculina en algunos aspectos, me gustaría hacer algo como Kill Bill. Me volvería loca. Aunque en España no se hace ese tipo de cine.

¿Y por qué te atrae interpretar comedia?
AMAIA: Siempre he hecho mucho drama. Mis personajes han sufrido muchísimo, por amor la mayoría de las veces. Y como me parece más difícil que el drama, sería otro reto.

¿Tienes alguna actriz que sea tu referencia?
Te puedo decir actrices que me gustan mucho como Naomi Watts o Maribel Verdú. Han tenido éxito en comedia y en drama.

¿Cuáles son tus ambiciones profesionales?
Me encantaría tener la posibilidad de trabajar fuera. Las series que hacemos aquí están teniendo mucho éxito y se están exportando. Como ha pasado con Gran hotel que se emitió en Alemania.

¿Te gustaría alcanzar el sueño de Hollywood?
Si tengo la oportunidad, por supuesto que digo sí a Hollywood. Pero no tengo esa finalidad de llegar allí sea como sea. Si llega elmomento de irse fuera, feliz; pero no lo busco plenamente.


REINA DE LAS SERIES ROMÁNTICAS

Gran Hotel Interpreta al personaje principal, Alicia, una mujer que no acepta las normas enamorada de un camarero (Yon González).
Sin tetas no hay paraíso Con su papel de la dulce Catalina saltó a la fama y descubrió que era capaz de hacer todo por el amor del Duque (Miguel Ángel Silvestre).
Galerías Velvet Aunque el personaje de Bárbara es el más atípico de los que ha interpretado, Amaia promete que dará mucho juego en la segunda temporada.
El príncipe y Letizia Amaia se pone en la piel de doña Letizia en una historia de amor muy real.

domenica 6 luglio 2014

Goya Toledo y María Leon, tan distintas como unidas

Sus ritmos de vida son diferentes. También sus edades y sus formas de pensar. Pero, lejos de lo que se pueda imaginar, Goya Toledo y María León tienen más encuentros que desencuentros. 

María León no sabe ningún cuento que no sea de miedo: «Cuando mis hermanos y yo éramos pequeños, mi madre solamente nos explicaba ese tipo de historias. Disfrutaba mucho asustándonos». Goya Toledo se recuerda a sí misma inventando e interpretando sus propios guiones, uno en especial: «Cuando llegaba del colegio, antes de comer, era imprescindible darle el biberón a mi muñeco y acostarlo.




Tengo instinto maternal de serie y, aunque todavía la naturaleza no ha querido darme hijos, no pierdo la esperanza de que eso ocurra algún día». Si León no hubiera sido actriz, dice que le habría gustado ser mujer-bala. Toledo quizá se habría dedicado a la moda: «No sabes lo que me relaja coser a máquina», afirma. A la sevillana le encantaría tener un autógrafo de Penélope Cruz –la mejor amiga de Toledo– y rodar «todos los días del año» con ella: «Es de las actrices que ha demostrado a este país que para triunfar hay que trabajar. ¡Dejémonos de tonterías y trabajemos!», asevera. Por su parte, la canaria se pondría, sin dudarlo, a las órdenes de Paco León –hermano de María–: «Haría lo que me pidiese. Creo mucho en él y en su potencial como director». La primera tiene una energía volcánica; la segunda se abraza a la serenidad que otorga la madurez. Pero más que la noche y el día, León y Toledo son dos mundos independientes que, al juntarse, tienen más puntos de encuentro que diferencias. Por eso, en Marsella –la película que estrenan el próximo 18 de julio y que ha sido dirigida por Belén Macías– funcionan como un puzle donde las emociones encajan por salvajes que sean. Ambas interpretan a la madre –una biológica y otra de acogida– de la misma niña, por la que pelearán hasta dejar el egoísmo de lado y procurar por el bien de la menor. Un ejercicio actoral de contención que les ha robado muchas lágrimas en los ensayos. «El de las madres es un amor muy bestia», afirma Toledo. «Y cuando uno ama siempre pierde un poquito la cabeza», añade León.
Tanto León, a sus 30 años, como Toledo, a sus 45, han tenido hijos en la ficción en varias ocasiones. Pero lo curioso del caso es que ninguna ha experimentado la maternidad en su piel. Aunque no lo descartan: «Yo creo que todavía a los 50 años una mujer no es mayor. Puede tener perfectamente descendencia a esa edad. Es muy personal, depende del caso y no debe juzgarse en general. A la gente le gusta opinar rápido y de todo, pero te tienes que ver en la situación. Mi padre murió cuando yo tenía seis años. En la vida no puedes tenerlo todo calculado», cuenta Toledo. «Yo me apuntaría al Club de las Malas Madres [blog que defiende, con ironía, a las madres imperfectas que no llegan a todo pero que, no por ello, quieren menos a sus vástagos]. No hay que perder de vista a la mujer que eres, porque cuanto más crezcas a nivel personal, más aportarás a tus críos. Por eso, a mí me gustaría ser muy mala madre para que mi hijo pudiera decir: “¡Qué maaaala es mi madre!”», dice con sorna León.


Las dos han crecido en familias muy matriarcales, así que, si algún día tienen dudas, pueden recurrir a sus progenitoras. Toledo copiaría de la suya «su fortaleza y capacidad de supervivencia. Se quedó viuda con 40 años y cinco hijos y, además de sacarnos adelante, consiguió su objetivo: mantenernos unidos y que fuéramos una piña». En casa de los León, Carmina Barrios ha hecho gala de otra gran cualidad: «Jamás nos ha juzgado, nos quiere tal y como somos. Nos ha criado con una sola ley: la del respeto. Y eso es muy difícil. Ojalá yo sepa hacerlo igual de bien».
En Marsella, la figura del padre, aunque está presente (o ausente), se plasma con personajes secundarios. Sara (León) y Virginia (Toledo) son quienes verdaderamente provocan en el espectador mil y una tensiones. ¿Los hijos siguen siendo de las madres? «Las mujeres tienen una fuerza sobrenatural: paren y eso marca la diferencia. Por eso la conexión con ellos es otra. No podemos ir contranatura. Somos animales», afirma León, quien asegura que cuando no tenía novio se planteó la posibilidad, sola, de traer al mundo a un niño: «No creo en el príncipe azul. Creo que a lo largo de la vida te vas montando equipos para viajar por ella. Lo haces con tu familia, con tus amigos y también con tu pareja. Me gustaría tener hijos, ¡y muchos!, con alguien a mi lado, porque pienso que sería bonito compartirlo. Pero si no estuviera, los tendría igual».
Toledo tampoco cree en los cuentacuentos: «Creo en el compañero de viaje, con todas sus maletas, a las que hay que añadir las que llevo yo. El objetivo es hacer el camino más ligero, facilitarse la vida. Pero no se educa peor a un hijo porque lo hagas sola o porque tu pareja tenga el mismo sexo que tú. Hay que ser más libres de mente. Lo realmente grave y una barbaridad es que se pongan tantas trabas en los temas de adopción, y puedo hablar de esto porque yo he estado en el proceso. Es una pesadilla. No podemos hacerlo tan difícil cuando hay pequeños que quieren tener una familia y muchas familias que quieren dar amor a unos hijos. Es increíble que haya tanta burocracia, que además no tiene nada que ver con el verdadero sentimiento de maternidad o paternidad».
Al hablar de hombres, las intérpretes se muestran confiadas y piensan que en el presente ellos ya están preparados para lidiar con la mujer de hoy, «mucho más fuerte y poderosa», como la define León. A eso añade: «El machismo me parece un atraso. Espero que sean capaces de comprender nuestro papel actual. Si no lo hacen, pobres de ellos. Eso significaría que van para atrás y me daría pena porque ya hay en este país suficientes cosas que van para atrás». A lo que Toledo replica: «Cuando me preguntan qué pienso sobre el machismo es cuando me doy cuenta de que sigue existiendo, porque si no existiera, la pregunta se obviaría. La mujer tiene cada vez más presencia en esta sociedad, pero si Cate Blanchett va al Festival de Cannes y denuncia que las actrices cobran menos que los actores, es que todavía hay injusticias por las que luchar».


Al cierre de esta edición, dos son los temas que centran la actualidad: la proclamación de Felipe VI y la Copa del Mundo, de la que la Selección ya ha sido eliminada. Marsella se estrenará justo cinco días después de la final del Mundial. ¿Por qué los españoles se concentran masivamente ante la televisión para ver el fútbol y les cuesta tanto llenar las salas de cine cuando se proyecta una película nacional? «Aficionados. Tiene aficionados. Algo que también podríamos tener nosotros si este país se enterara de que la cultura es algo imprescindible, que el cine es necesario para soñar, aprender, liberarnos, viajar… Se solucionaría si al cine español se le reconociera la entidad que tiene y se difundiera su importancia bajo ese criterio. A las salas no se va solamente a ver pegar tiros», apunta León. ¿Quizá serviría que los actores se metieran en política, como parece que va a hacer George Clooney? «Serviría que los políticos hicieran algo, que para eso cobran. Dejemos a los actores actuar», sentencia León. Toledo puntualiza: «A los actores siempre se nos tacha de combativos porque somos más visibles en los medios. Pero hay otros muchos gremios que pelean por lo que creen. Todos los ciudadanos debemos defender las causas en las que creemos. Yo, por ejemplo, estoy en contra de las petrolíferas en Canarias. Siempre que haya gente a favor o en contra de algo hay que someterlo a referéndum. Como debería haberse hecho con la Monarquía. Estamos en democracia».
Mientras de Toledo se destaca el equilibrio de sus interpretaciones, de León se resalta su capacidad para empatizar con el público y transmitir verdad y normalidad. «¿Normal yo? Mira, no sé qué significa ser normal. ¿Qué es ser normal? ¿Qué es ser moderno? Hay que ser y el problema es que muy poca gente es. Yo soy partidaria de que cada uno sea lo que quiera. Pero que sea feliz. Porque todos tenemos la responsabilidad de ser y hacernos felices a nosotros mismos. Mi éxito no es la normalidad. La gente no te aprecia porque seas simpática o porque les caigas bien: tiene que haber un trabajo detrás. Yo lo único que hago es comportarme como quiero que sean conmigo. Ése es mi triunfo», comenta. Definitivamente, el normcore (o triunfo de lo normal) no va con ella: «Lo que me sorprende es que ser normal sea ahora una tendencia», dice Toledo. «¿Nos hemos vuelto locos? Además, ¿quién es completamente normal? A mí siempre me ha gustado relacionarme con gente que sea sincera con su identidad y yo intento serlo con la mía. Pero la realidad es otra. Hablamos más de los demás que de nosotros mismos. Si expresáramos nuestros sentimientos, el mundo iría de otra manera. Pero claro, eso da mucho miedo».
Otro punto en común: las dos están de acuerdo en que las modas hay que seguirlas con precaución: «Soy fashionista en un 10%, pero le doy importancia a mi vestuario en un 60%», dice Toledo. «Mi último descubrimiento es el clóset virtual dey sigo siendo fiel a mi centro de estética, The Beauty Concept». Pero a pesar de la dedicación que le prestan a su imagen, de ningún modo creen que tener un buen estilista es más importante que contar con un buen agente en el mundo del cine, como parece haber ocurrido con Lupita Nyong’o, quien, con tan solo una película reconocida en su currículum, ya ha firmado contratos millonarios con Miu Miu o Lancôme. «La moda acompaña y apoya a nuestra profesión. Pero ser una intérprete no tiene nada que ver con ser una celebridad. Para ser actriz no hay que pisar una alfombra roja, ni siquiera saber pisarla. Hacen falta ganas de contar historias, ya sea con un traje caro o con chanclas. Pero la moda ayuda y por eso cada día me esfuerzo más en aprender cosas sobre ella. Es amiga de mi trabajo y suma», dice León.

Gabriella Wilde: "La pasarela me frustró"

Isabella Blow la descubrió como modelo con 14 años, pero ella lo dejó para estudiar Bellas Artes a los 17. Ahora, luce su creatividad en la actuación.

Por bella y por aristócrata, la joven actriz británica Gabriella Wilde (Hampshire, 1989) encaja perfectamente con la definición de english rose. Da igual que vaya vestida con vaqueros y botas, y que de su collar –robado a Alan Pownall, el cantante de Pale, quien es su novio y el padre de su hijo– cuelguen una cruz, una moneda y la mitad de un corazón, esta distinguida y dulce rubia de más de un metro setenta derrocha candor. Pasó su adolescencia entre un exclusivo internado en Ascot y las pasarelas y sesiones de fotos a las que acudía en calidad de modelo. Hermanastra de las actrices Olivia Llewellyn e Isabella Calthorpe, el día que decidió dedicarse a la interpretación cambió su sonoro apellido, Anstruther-Gough-Calthorpe, por Wilde. Sus actuaciones en Carrie, junto a Julianne Moore, y en la comedia romántica Más allá del amor (Endless Love), que se estrena el 11 de julio, la han colocado en primer plano.
En su caso, actuar parece cosa de familia. 




Dos de mis hermanas son actrices, tienen unos 10 años más que yo, han estado metidas en este mundo mucho más tiempo y nos llevamos muy bien. De hecho, Olivia me ayuda bastante en temas de trabajo, porque preparamos las audiciones juntas. Me ha dado muchos consejos, pero lo más importante que me ha enseñado es cómo gestionar el rechazo y aprender a seguir adelante, porque, obviamente, hay mucho de eso en esta profesión.
¿Cómo eligió su nombre artístico?

En el momento en que empecé a actuar decidí cambiarme el nombre, pero no se me ocurría nada. Mirando una estantería en el despacho de mi agente di con la clave: vi un libro de Oscar Wilde. Siempre me gustaron sus obras, La importancia de llamarse Ernesto fue la primera que leí y me divirtió mucho.
¿Cómo fue la transición de modelo a actriz?

No empecé a trabajar como intérprete gracias a mi profesión de modelo: fui maniquí hasta los 17 años, paré y me mudé a Londres para estudiar Bellas Artes. En la pasarela me frustraba porque echaba de menos poder usar mi creatividad. Un día me llamaron para hacer una audición para una película, fui allí por curiosidad y algo hizo clic. Para mí, actuar es otra manera de observar a la gente y crear algo. Mi trabajo como modelo ya había terminado.
Había empezado muy joven en la moda.

Cuando tenía 14 años conocí a Isabella Blow a través de una amiga de mi madre y quiso hacerme unas fotos. Blow fue mi mentora, era alguien increíble, definitivamente única.
¿Terminó cansada del mundo de la moda?

Fue algo raro, tenía dos vidas. Era una niña de 14 años que iba al colegio, pero los fines de semana viajaba a París para hacer una sesión de fotos. No entendía muy bien todo lo que aquello significaba. Al principio era divertido, pero cuando empezó a ir en serio dejé de disfrutarlo, echaba de menos estar con mis amigos. No me divertía trabajar en el ambiente que rodea al mundo de la moda, por eso decidí dejarlo.
¿Fue una buena preparación para actuar?

No lo creo, me enseñó a sentirme cómoda delante de una cámara. Si estudias Arte Dramático en Inglaterra te preparan, sobre todo, para interpretar teatro, y cuando te encuentras con una cámara puedes sentirte incómodo. Siendo maniquí aprendes a ser muy consciente de ti misma, de tu cuerpo y de lo que haces, pero para mí la interpretación es en gran medida lo contrario: tienes que olvidarte de todo eso.
Dos de sus películas, Carrie y Más allá del amor, han sido dirigidas por mujeres. ¿Cree que eso le ha aportado algo distinto?

Es un proceso muy interesante porque, como actriz, tener la posibilidad de hablar con una directora sobre el personaje que interpretas te permite entender las cosas de una forma especial, te metes en el papel de otra manera, especialmente si ellas también lo han creado.
¿Qué títulos están en su lista de comedias románticas favoritas?

He visto Sabrina hace poco, La princesa prometida es un clásico de mi infancia y también me gusta mucho French Kiss.
Vive en Londres, ¿qué es lo que más le gusta de la ciudad?

Me encanta estar cerca de mis amigos y de mi familia y que sea un lugar tan ecléctico, en el que puedes encontrar de todo. Prefiero las ciudades que son realmente ciudades, por eso considero que Los Ángeles es un lugar extraño, parece más bien un suburbio. Me gusta caminar, encontrarme de pronto con cosas, explorar. En Londres voy a una cena y la mayor parte de las veces soy la única actriz, pero en Los Ángeles todo el mundo trabaja en el cine. Vivo en Notting Hill y me gusta estar por allí y en Portobello. También suelo ir a Dalston, en el este, para escuchar música en directo. Esos son los planes que suelo hacer cuando salgo por la noche.